3 de julio de 2021

Hola, cariño, buenos días. Como novedad te cuento que estamos de vacaciones. No vamos a salir a ningún sitio, porque todavía nos pesan las medidas de precaución, pero tendremos unos días sin obligaciones.

El jueves fue el cumpleaños de Papá y nos vimos un ratito con tu hermano y B. Lo celebraremos hoy en casa también con ellos. Hemos quedado a comer y lo que surja.

Ojalá pudieras venir tú. Y tu familia. Y tu risa, tu ingenio, tu forma de entender la vida. Nos falta todo lo tuyo, Rodrigo. Siempre te echamos de menos. En lo cotidiano y en los momentos especiales. Siempre, sí. Siempre.

Aquí seguimos, hijo, queriéndote y esperándote. Diecisiete años y cuatro meses ya, pero sin olvidarte ni un solo día. Escribiéndote todos los sábados. Pensando en ti.

No dejes de cuidarnos. Millones de besos y abrazos de oso. Con todo cariño, Mamá.

26 de junio de 2021

Hola, Rodrigo, buenos días. Son las siete. Ha vuelto el calor y se nos pasa el tiempo a todo correr. Estamos ya en el último sábado de junio, a punto del cumple de papá. Y de unas vacaciones que se presentan tan atípicas como las de 2020.

Llenamos las horas con obligaciones y esas mil pequeñeces que dan sabor a la rutina. Tú estás siempre en ellas, hijo. En todas las ocasiones. Ya que no puede ser de visita o a ratitos, como tu hermano, te pedimos que vengas de forma virtual. Así puedes quedarte en todo y para ese «siempre» del que te hablaba. Porfa, cariño. Anda, sí.

Es que necesitamos compañía. Es que seguimos aún con bastantes medidas de aislamiento, porque todavía nos toca esperar un mes para la segunda dosis de vacunas. Y otro más para que reaccione el sistema inmune y la vacuna realmente sea eficaz.

Vamos, que no estaremos protegidos hasta finales de agosto. Y hasta entonces nos toca ser incluso más prudentes que el verano previo, porque bastante gente ya no cumple su parte de las precauciones. Con el cansancio pandémico, muchos andan por las calles, despendolados, rechazando medidas sanitarias importantes como distancia y mascarillas.

En resumidas cuentas, que este 2021 tampoco tendremos verano de viajes y salidas. Por prudencia. Quizás para noviembre. Si todo va bien. Lejano, entonces. Casi invierno. Quedan muchos meses. Casi medio año. Pero no me quejo. Estamos todos bien, que es lo importante.

Tú no dejes de pasarte por aquí. Ni de echarnos un vistazo. Ni de cuidar a todos los que te queremos. Como E y N, que esperan con H en la tripita, tiempos mejores.

Millones de abrazos de oso ,hasta prontito: Mamá.

Finales de junio

Los últimos días de junio han sido siempre los que señalaban el muy esperado y necesario fin de curso. Y así los vivimos juntos los veinte que compartiste con nosotros.

Ahora que no estás, tu hermano tampoco y ya no ejerzo la docencia, descubro con sorpresa que ya solo significan que el verano está a la vuelta de la esquina. Es raro.

Veo cómo evolucionan tus amigos. Trabajos, parejas, casas, hijos… Y siempre pienso qué estarías haciendo tú. Algo parecido a lo que hacen ellos, o tu hermano, supongo. Y te echo muchísimo en falta.

No me acostumbro. Parece que sí, y resulta que no. No me conformo. No acepto tu muerte injusta e innecesaria.

Aquí sigo llorándote, cariño 🧡 No te olvidamos. Cuida de todos nosotros, por favor, Rodrigo.

Abrazos de oso 🐻: Mamá.

Sábados

Hola, cariño. Poco que contarte, pero siempre aquí, te escribo. Te pienso. Te quiero.

No te olvidamos. Espéranos.

11 de junio de 2021

En otro de nuestros onces, pienso en ti, hijo. Diecisiete años y tres meses de injusta condena llevamos separados. Espero contra toda esperanza volverte a encontrar.

Ayúdame, Rodrigo.

Te quiere mucho: Mamá.

Junio ya

Buenos días, Rodrigo. Son las seis, hace calor y tenemos las ventanas abiertas, cantan los pájaros.

Poco nuevo bajo el sol. Seguimos las rutinas de siempre, la vida sencilla de nuestra edad y condición.

Aunque hoy será especial. Hoy vienen algunos de tus amigos a visitarnos. Después de meses de aislamiento, y con la disculpa de recoger la novela. También se pasará tu hermano. Nos reuniremos en el jardín, para estar al aire libre. Y me inunda la nostalgia. Ojalá estuvieras tú.

Ojalá.

Te echo de menos, hijo.

Me rondan la pena y la desesperanza. Por favor, Rodrigo, échame una mano. Haz sonar los cascabeles de tu risa.

Te queremos. Te quiero. Pienso en ti. Hasta pronto, cariño, mil abrazos: Mamá.

Último fin de semana de mayo

Hoy te escribiré unas líneas rápidas, Rodrigo. Como otros sábados, lo primero que hago, nada más despertarme, es hablar contigo. Y esta vez no quiero decir nada de pandemias, aislamiento, vacunas o restricciones. En esta ocasión, no apuntaré ni una palabra sobre el miedo y las sensaciones de irrealidad que todavía vivimos.

Hoy solo te cuento que hace calor y se acaba mi segundo curso sin clases, de jubilauta. Y que muchos amigos han participado en la preventa de NINA. Con lo que se van cumpliendo mis mejores expectativas para esta nueva etapa vital.

Desde que cumplí los sesenta tiendo a hacer cálculos del tiempo que me podría quedar. Es una tontada, lo acepto, pues nadie lo sabe; nadie está exento de irse en una fracción de segundo a cualquier edad. Pero a mis años esa es una tendencia razonable, permíteme decirte.

Papá me comenta, cuando se lo explico, que pueden ser lustros, décadas. Y tiene razón. Pero no pasa nada por tener el asunto al menos un poco pensado. Sin miedo. Sin alharacas. Simplemente siendo consciente.

Eso, cariño. Nada más. Que te quiero mucho y te agradezco las ayudas que me mandas. Que vamos a buscarte. Que nos vengas tú al encuentro cuando puedas. Y que te mando millones de besos y abrazos con Papá.

Tu cumpleaños 2021

Felicidades, Rodrigo. Hoy, desde casita, en la oscuridad de la madrugada, pienso en ti. En el día de 1983 en que naciste. En los veinte cumpleaños que compartimos contigo. En lo que duele tu ausencia.

Como regalo secreto y simbólico, usé esta fecha tuya de tu cumple para terminar Nina. Escribí: Getafe, 24 de mayo de 2020. Y, después, mi nombre.

Era cosa entre tú y yo. Solo los más cercanos podían darse cuenta. Por supuesto estabas en las dedicatorias iniciales. Esto era el abrazo de oso que se nos quedó pendiente y que siempre quiero darte. Esto es, y lo digo en presente, la nostalgia de tu compañía, la añoranza de tu opinión de lector empedernido. Y que te quiero.

Tú me devuelves el regalo. Porque el sábado me anunció el editor que hoy llegarían los libros. Tengo que dedicarlos y devolvérselos para que mis lectores los reciban cuanto antes. O repartir en mano los que hayan solicitado entrega local. Hoy. Tu cumpleaños. Antes de lo previsto incluso por ellos. Contra todo pronóstico, porque la impresión se adelantó aprovechando un hueco inesperado.

Gracias, cariño, por tu ayuda. Con estas coincidencias reanimas la esperanza. Te quiero mucho. Espero que te guste la novela. Pero, qué digo, tú no necesitas esperar a que llegue el envío. Tú ya has dicho que te gusta.

22 de mayo de 2021

Querido hijo, aquí me tienes, ha pasado otra semana anodina más. Suben las temperaturas, se anuncia el calor, la gente se lanza a salir a la sierra, a las playas, a las costumbres de antes con ansia. Papá y yo, por contra, seguimos medio confinados. No nos tienta la locura general.

En un par de días será tu cumpleaños. Harás treinta y ocho de cómputo numérico, y nosotros viviremos la tristeza de dieciocho sin tu compañía.

No sé para qué hago estas cuentas tristes, que duelen tanto. Los noventa de mi madre de anteayer y los tuyos de pasado mañana. Parece que no me queda otra cosa contigo ya más que recordarte, hijo. Bien que me duele, pero es lo único que tengo. Por eso no renuncio a ti, ni me conformo. Rebelde hasta el final, hasta que me salgas al encuentro y nos demos ese abrazo que se nos quedó pendiente.

Son las cinco y media. Me he despertado demasiado pronto hoy. Todavía es de noche. En esta oscuridad silenciosa te escribo con el móvil. Porque te quiero mucho. Porque voy a seguir hablándote aunque haya poquitas novedades que decir.

Vuela alto, Rodrigo. Cuídate mucho, sé feliz. Hasta pronto. Con besos, risas y libros, con enorme amor te abraza: Mamá.

San Isidro 2021

Otro sábado más estoy aquí redactando las líneas que unen nuestros dos mundos. Poco nuevo tengo que contarte, pero no dejo de escribirte. No quiero romper la conexión. Buenos días, cariño. Espero que todo te vaya bien.

Aquí andamos en fase de vacunas. La primera fue B, que recibió una dosis por empleada sanitaria, luego me llamaron a mí y hace unos días a Papá. Las segundas dosis ya veremos cómo y cuándo llegan. Supuestamente, en diez o doce semanas nos citarán de nuevo para las nuestras. No se sabe qué van a hacer con las de los trabajadores esenciales, de los compañeros de B o de los míos, además de otros muchos como policías o fuerzas de seguridad. Ahora que todo se va calmando no parece haber tanto interés. Supongo que lo harán ya por sus rangos de edad. Quizá para fines de agosto también incluyan a los de vuestros años y les toque a tu hermano y tus amigos.

Hace calor, se ha acabado el estado de alarma y la gente se echó a las calles como si todo hubiese concluido completamente. Ya no quieren pandemia. Están hartos. Como si su fatiga sirviese para acabar con el virus de un solo golpe. Hacen fiestas, llenan las calles y las playas. Se lanzan a terrazas y centros comerciales, sin distancias, incluso sin mascarillas.

Nosotros evitamos las multitudes, pero ayer mismo nos cruzamos con tres jóvenes sin mascarillas en nuestros paseo por el parque. Como si el virus hubiera desaparecido. Ojalá las vacunas sean contrapeso suficiente a este descontrol popular.

Esta tarde veremos a tu hermano. En exteriores. No dejes de cuidarle, de cuidarlos a B y a él, de velar por nosotros. Ay, cariño, ya sabes que te queremos. Te echo mucho en falta. Te mando miles de risas y libros, pelis y juegos. Y millones de abrazos de oso apretados y dulces, desde casita, de los nuestros.

Nos leemos pronto. Con todo nuestro amor: Mamá y Papá.