Marzo siempre duele

Hola, hijo, otra semana más sin ti, otra semana de pandemia, restricciones, confinamiento, mascarillas y extrañeza vital. Al menos, consuelo ínfimo, tú no tienes que soportar todas estas cosas.

La vida sigue, nos arrolla con su ritmo desenfrenado. Le da igual que no estés, que nos duela el espacio vacío que dejaste a nuestro alrededor. Papá y yo hacemos camino juntos, vamos a buscarte, como te escribió el día fatídico, como titulamos tu libro. Y esa es nuestra realidad. Sea cual sea el tiempo que nos quede aquí.

Fue hermoso compartir casi veintiún años contigo. Es un tesoro que solo nos podrá arrancar la demencia, ojalá nunca llegue. Y mientras tanto, seguimos los tres, contigo en el corazón. Ojalá haya pronto unos peques con los que compartir tu recuerdo y a los que dedicar cariños. Ojalá tú puedas vernos y ayudarnos desde donde estás. Te esperamos.

Te mando flores rosas y hojas rojas del pruno, hierba y yedras reverdecidas, los primeros brotes del lyquidambar y las nuevas plantitas del macetón. También, las flores espectaculares de las camelias de la entrada, a punto de abrirse.

Y besos, abrazos, bromas, canciones, novelas, series y pasos de baile. Todo contigo. Te queremos.

Hay resaca emocional siempre

Te escribo como todos los sábados, aunque este no lo sea, Rodrigo. Es que la coincidencia de fechas nos hace revivir los traumáticos sucesos de 2004. Intento no pensarlo, pero el subconsciente le da vueltas, y en sueños vuelven las imágenes y las sensaciones: cómo te perdimos y buscamos el jueves 11, desesperadamente; la angustia indescriptible del viernes 12, cuando te hallamos en la morgue y nos mandaron a casa, a esperar el velatorio; y el desconcierto del sábado 13, en que, como en una pesadilla, tuvimos que velarte y pedir tu incineración. Tres días terribles que dieron paso a otros muchos meses, y años, de duelo y tristeza.

No quiero dejarme afectar por ello, sin embargo. Prefiero fijarme en la belleza primaveral que nos rodea y que anuncia siempre un renacer esperanzado.

Este año, tu pruno ha tenido una floración tan abundante, que los pétalos (que va perdiendo ahora) cubren todo el suelo de la entrada. Parecen nieve rosa, que el viento mueve, esparce y desordena. Sobrepasan los límites de nuestro pobre hogar, se extienden calle abajo o tapizan de colores las lunas del coche que aparcamos siempre a su sombra.

La pequeña camelia blanca luce una primera flor bellísima, y está anunciando unas pocas más. Y la roja, grandiflora, hipercargada de las suyas, pronto será un clamoroso reclamo carmín y verde.

Elijo quedarme con este derroche de hermosura. Con la esperanza de volvernos a encontrar. Con aquella energía, optimista y juvenil, que siempre te ha definido.

Miles de abrazos de oso. Te esperamos en casa. Te queremos.

11 de marzo de 2021

Hola, Rodrigo. Son las 7:00, la misma hora en que te sentí salir de casa un jueves como hoy, hace diecisiete años. Cómo podía yo pensar que nunca regresarías. Oí que cerrabas la puerta suavecito, para no despertarnos. Y nos dejaste solos para siempre.

En medio de varias tormentas políticas y mediáticas, el recuerdo social de lo sucedido «hace ya tantos años» se diluye. En 2020, por la pandemia. Este 2021, por múltiples mociones de censura y la convocatoria inesperada de elecciones en nuestra comunidad autónoma. Y sucede lo acostumbrado: que la urgencia informativa se lo lleva todo por delante.

Pero G, Papá y yo, lo sabes bien, no necesitamos ruido periodístico para recordarte. El plan era acudir juntos a los actos de Atocha, como llevamos haciendo todos estos años. Con la reducción de aforos por la COVID-19, temíamos no tener sitio, pero estas nuevas circunstancias evitarán que se acerquen multitudes. Así que estaremos solo los amigos. Para nosotros, fenomenal.

Después, como es ya costumbre, pondremos flores en tu lápida, y hablaremos de ti, y pasaremos juntos, los tres, este aniversario. Como otras veces. Como hacemos siempre. Porque es nuestra manera de sobrevivir tu ausencia injusta. Porque solo unidos somos capaces de soportarla.

No te olvidamos. Cuida nuestro camino, por favor. Porque solo siguiendo tu estela, llegaremos de nuevo a abrazarnos los cuatro, como antes. Te envío flores del pruno, besos, risas, libros, juegos, bailes, pelis y series, canciones, versos, chascarrillos y bromas: las cosas sencillas que podíamos estar compartiendo ahora. Si estuvieras aquí. Si estuvieras…

Te queremos, Rodrigo. Espéranos.

El fin de semana previo

Todavía recuerdo lo que hicimos aquel finde como el de hoy hace diecisiete años. Cosas sencillas y normales que intenté grabar en la memoria cuando te nos robaron. Porque las necesitaba para que te quedases un poco más con nosotros. Porque parecía imposible que hubiera sucedido tu ausencia, cuando nada había sido diferente, nada había anunciado el desastre.

Vuelven a coincidir las fechas exactas, en este 2021 el día 11 también es jueves.

Aún recuerdo que llevaste flores y bombones a tu chica, que tuvimos una comida familiar y un cumpleaños, que el pruno de la entrada había florecido y señalaba desde lejos dónde estaba nuestra casa. Que te parecía precioso. Que fue lo último que viste aquella mañana fatídica cuatro días después.

Y ya no sé cómo escribirte, Rodrigo, si no es echándote de menos y con lágrimas en los ojos. Cómo seguir viviendo sin ti, si no es esperando volver a encontrarte.

Te quiero, hijo. Nunca dejaré de quererte. Aquí vivo con Papá y tu hermano, pero no renuncio a ti. Llegaré hasta donde estás. Por favor, cariño, dime cómo alcanzarte. Necesitaré un mapa, hitos o señales. No dejes de mandarlas.

Abrazos de oso. Con todo mi amor: Mamá.

27 de febrero de 2021

Hola, Rodrigo, hijo muy añorado y querido. Anoto estas líneas de madrugada, tempranísimo. El pruno de nuestro jardín está a punto de florecer. Ayer ya tenía algunas pinceladas rosas, seguramente hoy sea el día de la gran explosión de color. Pero no sé todavía. Aún está oscuro. Mirarlo será lo primero que haga hoy. Y lo haré pensando en ti.

La vida monótona continúa, y ya sabes que Papá y yo no nos quejamos de ella, que la preferimos así, simplona, sin más sustos. Tras casi un año de pandemia, la luz de las vacunas brilla al final del túnel. Por fin han citado a Ela, para la próxima semana, que ya era hora, a sus 88 años.

Y leo en el grupo de WhatsApp del trabajo que también están llamando a algunos profes. No se conocen los criterios, excepto que serán los nacidos después de 1966, por cierto. Los mayores aún tienen que esperar por una vacuna más probada en esa edad, manda narices porque seguirán expuestos. Pero incluso entre los que cumplen esa premisa, nadie sabe por qué unos son llamados y otros no, qué o quién decide si van a sus centros de salud o al carísimo hospital de pandemias, medio inútil, que así busca hacerse notar.

Ciertos profesionales, entonces, van con los mayores de ochenta. Después será el turno de los de setenta. Y más tarde iremos los sesentones, como Papá y yo. Tal vez estemos ya vacunados para las fechas veraniegas. No sé. No queremos hacer cábalas inútiles.

Aquí nos tienes, cariño, voluntariamente confinados. Como hace la gente sensata, que, menos mal, es la mayoría. No son buenos tiempos, pero ojalá estuvieras aquí. Diecisiete años de ausencia son un exceso. Cómo es que todavía no has regresado, hijo, si aún te estamos esperando.

Te queremos mucho, Rodrigo. Te queremos. Te queremos.

20 de febrero de 2021

Hace dos años salió tu libro y lo presenté en la FCPJH por primera vez. Parece que sucediera en otra vida.

Hola, cariño, buenos días. Aquí me tienes, de nuevo, escribiéndote unas líneas, como todos los sábados. Y, como todos los febreros, sintiendo el dolor de la cercanía del nuevo aniversario. Da igual cuánto tiempo pase, ese efecto angustioso se repite siempre. Y estar en circunstancias excepcionales, como las que vivimos estos meses de pandemia, no mejora la situación.

Este último año está siendo uno de los duros. Se ha roto esa progresión hacia una cierta normalidad conseguida con esfuerzo desde que te arrancaron de entre nosotros. Cierto es que no estamos como al principio, que apenas podíamos sobrevivir a tu ausencia, pero, lamentablemente la ansiedad y el estrés postraumático se han reactivado.

¿Las causas?, el aislamiento social, (que se nos está haciendo larguísimo), y la constante cercanía de la enfermedad y la muerte (con el fallecimiento por la COVID-19 de tantas personas diarias, algunas muy cercanas).

Finalmente, lo que ha terminado por reactivar duelo y miedo, de manera exponencial, además, ha sido la súbita partida de JCC. Espero que estés con él y con su madre, que sigáis siendo amigos, que veleis por nosotros, pobres llorosos de vuestra ausencia injusta.

Echo la vista atrás, justo hace un año estábamos en Asturias y en Belfast. Justo cuando regresábamos a casa, en los aeropuertos, comenzamos a ver las primeras mascarillas. Y nada más instalarnos de nuevo, empezó el horrible confinamiento.

Hace un año ya, pero parecen muchos más, nos quedamos sin poder recordaros con las celebraciones previstas; luego, tuvimos que quedarnos en casa, durante largas semanas. Y no sabemos qué nos espera. Este decimoséptimo habrá actos de aforos muy reducidos. Quizá podamos ir al de Atocha. Ya veremos.

Solo intentamos vivir el presente. Y como Papá teletrabaja la mayor parte del tiempo, nos hemos propuesto disfrutar de la mutua compañía como un regalo. Nos falta, eso sí, ver un poco más a G, ahora que no nos dejan reunirnos en las casas. Charlamos por teléfono durante horas. Para este finde quedaremos en la calle, que no es lo mismo, pero es.

Dos años de tu libro. Uno de sus últimas presentaciones. Espero que la vida me permita volver a hablar de ti y de lo que pasó. Mientras tanto, voy con una novela nueva. Ojalá pudiera escuchar tu crítica. Ojalá estuvieses aquí para leer mis pobres intentos literarios. Ay, Rodrigo. Te echo de menos muchísimo.

Cuídate, hijo. Vuela alto. Volveremos a vernos. Espéranos.

Aquí seguimos

Hola, Rodrigo, buenos días. Te pongo estas líneas desde nuestra casa, todavía no ha amanecido.

Hace ya una semana que no vemos a tu hermano, no se permiten reuniones familiares, pero nos hablamos a menudo. Esta pandemia se alarga y nos tiene agotados en lo sanitario. Y en lo social.

Los irresponsables campan a sus anchas, porque les cansa la situación. Como si ochocientos muertos diarios fueran solamente una cifra. Lo más triste es que en ese grupo hay que incluir a muchas autoridades, que velan más por sus intereses que por la salud y la vida de la población.

Por eso somos prudentes y vivimos un confinamiento privado. Salimos a dar paseos, a la compra muy de tarde en tarde, y a sólo lo imprescindible. Papá teletrabaja cuatro de cada cinco días. No podemos hacer nada más.

En medio de esa situación, agradezco tener algo que celebrar: la portada y contraportada de mi novela, que la editorial acaba de hacer públicas. Y la suerte de que les interesase publicarla. Te echo de menos en esta circunstancia. Sé que tú también serías mi fan, como se proclama Papi a menudo. Ay, hijo querido.

Cuídate mucho, corazón. Vuela alto y ven a vernos cuando puedas, que tú no tienes restringido el acceso. Te quiero. Te queremos. Hasta pronto.

Once de febrero de 2021

Hoy cuento dieciséis años y once meses desde que te arrancaron de nuestro lado. Esas son las largas cifras de tu ausencia. Te echo de menos.

La vida ha seguido sin ti, todavía no me explico cómo. Cada cotidianidad nueva ha ido borrando las que te incluían, las de ese antes en el que estabas. Dolorosamente.

Nuestra nueva existencia está marcada por tu silla vacía, tu cama siempre hecha, los libros huérfanos esperándote en los estantes, las vistas del jardín desde tu ventana (que te gustaban tanto) ansiosas de verte regresar.

No te olvidamos, Rodrigo. Te esperamos siempre. Aunque la experiencia nos diga que no vas a volver, tenemos la esperanza de que saldrás a buscarnos cuando nos llegue la hora.

Es un consuelo muy pequeño en el camino diario, pero también una lucecita que nos empuja a no rendirnos.

Y así resistimos, hijo. Dentro de muy poco será el aniversario décimo séptimo. Y hará, también, un año de esta pandemia que nos asola.

Por favor, cariño, no dejes de velar por nosotros. Y saluda a JCC de nuestra parte, ahora que se os ha reunido.

Montones de besos y abrazos. Hasta el infinito y más allá, te quiere: Mami.

Cada sábado

Hola, Rodrigo, buenos días. Ya sabes que escribirte todas las semanas es mi forma de tenerte cerca, aunque ya casi diecisiete años de ausencia física intenten separarnos. Y que hacerlo especialmente los días once es mi intento de normalizar esa fecha malvada.

A un mes del nuevo aniversario, compruebo que febrero y marzo serán idénticos este año, otra vez, y que, además, los días onces de este 2021 caen los dos en jueves. Como aquel maldito 2004 que nos separó de ti.

Qué tonta manía de la mente, me digo, es analizar cada detalle de lo que se refiere a ti. Como si pudiera servir para algo realmente valioso. Como traerte de vuelta. O conseguir una comunicación continua y fluida, abrazos incluidos.

Luego llegan las otras casualidades. Y mi editor me envía un calendario para anunciar portada y sinopsis de mi primera novela. Jueves 11 de febrero.

Y siento que no estás tan lejos.

Y que te quiero con toda mi alma.

Una semana rarísima

Hola, Rodrigo, buenos días. En este último sábado de enero te escribo absolutamente enajenada. Parece que han pasado siglos desde el finde anterior. Mi cerebro no consigue procesar los datos, me invaden sensaciones de inconsistencia e irrealidad, y todo me parece extrañísimo.

Desde la muerte de JCC, el tiempo se ha ralentizado, cuesta entender que no está, que, como tú, no vamos a verle ya nunca. Y duele. Por él, por ti, por tu hermano, por todos los duelos previos, y por el miedo a lo que esté por venir.

La vida, sin embargo, no se para. Han subido las temperaturas (y desapareció la nieve), se ha recrudecido la pandemia y la tercera ola amenaza con abatirnos a todos. Es una amenaza que aumenta nuestros temores. Y así seguimos. Resistiendo ya once meses, agotados, hartos de miserias, de avances y retrocesos, de enfrentamientos políticos cainitas.

Por favor, cariño, cuida de todos nosotros. Abraza a JCC de nuestra parte y sigue nuestros pasos. Necesitamos tu ayuda para mantener la esperanza en medio de esta debacle.

Te mando besos, abrazos, libros, juegos, pelis y series. Todo lo que nos gustaría haber compartido contigo si estuvieras aquí. Te queremos.