8 de abril

Hoy, aniversario de mi madre, es también un día especial, querido Rodrigo. Este sábado anoto líneas de recuerdo y emoción por vosotros dos.

La primavera sigue pintando colores y esperanza reverdecida. Así que atesoro sus señales de ciclo y de renacimiento.

Perdona si no escribo mucho más, ando resfriada y poco lúcida. Aunque ni siquiera eso me impide venir a contarte, hijo. Aquí sigo fiel a nuestra cita de los sábados.

Últimamente hay un petirrojo que visita nuestro jardín. Me encanta verlo. Siempre me hace pensar en ti.

No te olvidamos, Rodrigo.

Millones abrazos de oso. Millones de risas y juegos. Te queremos.

Por fin abril

Hoy, muy temprano, sonó el móvil de Papá. Apenas eran las siete y la llamada era de tu Ela.

Volvimos a asustarnos. Ya nada será nunca igual desde tu ausencia, tu muerte; el miedo se ha quedado con nosotros.

Solo era un error, que no se acostumbra al teléfono nuevo, que esas moderneces son muy complicadas para ella, que sentía habernos sobresaltado, que ella también se asustó porque creía que era Papá el que llamaba.

Una broma del universo, por ser primero de abril y día de los inocentes. Ojalá hubieras sido tú, Rodrigo.

Poco más te puedo contar.

Vuela, hijo. Vuela muy alto.

Te queremos.

25 de marzo

Por fin se acaba este mes terrible, ay, Rodrigo. Diecinueve años. ¿Te acordarás de nosotros despues de tanto tiempo?

Quiero suponer que sí, que, como nosotros, tú también nos piensas. Y que nos estás esperando. Pero a veces me puede el desaliento.

Aquí la sensación temporal ha vuelto a acelerarse. Sólo marcan hitos los asuntos especiales. Y no me quejo. La rutina de lo cotidiano nos consuela mucho.

Dondequiera que estés, hijo, sé feliz. Y vuela alto. Papá, tu hermano y yo intentamos seguir avanzando, siempre contigo en el corazón.

Millones de besos y de abrazos. Te quiere infinito: Mamá.

18 de marzo

Hola, cariño. Por fin floreció el pruno y dejamos atrás el aniversario,

La serenidad va regresando despacito, de modo que lo cotidiano arropa al miedo. Como otras veces.

Nos quedamos en casa en este fin de semana de tres días. Descansando. Pensándote y queriéndote. Todavía con síntomas de irrealidad.

Los temores latentes aún impiden el descanso necesario del sueño profundo. Parece increíble, dado el tiempo transcurrido, pero aquí siguen. Barrunto que no se irán nunca del todo.

Eso es todo lo que te puedo contar, Rodrigo. Y que te queremos. Vuela alto. Millones de besos: Mamá.

Después

Este once me ha resultado breve, rudo y ajeno. Ay, Rodrigo. Supongo que me pilló en una fase de aspereza emocional, que, me temo, todavía sufro. Así que anoto estas frases por si la costumbre de escribirte logra hacerme reconectar contigo.

El once me sentí como el pruno de la entrada, que, contra lo habitual, no tenía flores. Pero el árbol finalmente floreció, justo la tarde de ese día. Y yo no lo he hecho con él. Y sigo mustia, y yerma, esperando recobrar la sensibilidad; esperándote, hijo.

19 veces 11 de marzo

Te escribo cada sábado, Rodrigo, pero este nuevo once de marzo se me hace muy cuesta arriba. No quiero pensarte en este día terrible. Tú eres mucho más que esas horas de búsqueda desesperada.

Papá, tu hermano y yo volveremos a Atocha en tu honor y con tu nombre en los labios. Tu ausencia sigue doliendo, muy honda y muy áspera.

Este año el pruno no ha florecido aún, pero pronto sus flores rosadas señalarán donde está tu casa, hijo. Y el camino de regreso que no pudiste hacer. Da igual el tiempo que haya pasado, nosotros seguimos esperándote.

No tardes.

Una semana antes

No importa cuánto tiempo pase, el aniversario sigue teniendo los mismos malditos bordes afilados. Y cortan igual de profundo que antes, que siempre, que otras veces.

Me cuesta escribirte, Rodrigo. Odio tener que comunicarme así contigo, de esta manera rudimentaria y triste. No hay enlace directo con ese mundo en el que quiero pensarte feliz y esperándonos.

Lloro de pena y de rabia mientras anoto estas pobres líneas. Te echo de menos, me duelen los abrazos que se nos quedaron pendientes. Y la vida que no llegaste a vivir, quizá sencilla y a menudo difícil, pero tuya, nuestra.

Enviame fuerzas para soportar otro once de marzo.

25 de febrero y sin ti

Hola, Rodrigo, buenos días. Ya no sé qué decirte, estamos demasiado cerca del décimonoveno aniversario y me agobia pensar que llevamos tanto tiempo sin ti.

Sin ti. Me pregunto cómo habría sido la vida si estuvieras aquí, con nosotros. Dónde vivirías, donde estarías trabajando, quién sería tu pareja, si tus hijos se te parecerían…

A dos semanas de un nuevo aniversario, te sigo añorando y queriendo con todo mi corazón.

Millones de abrazos de oso. Hasta prontito: Mamá.

18 de febrero de 2023

Hola, cariño. Hemos estado fuera tres días y parece que fue una semana por lo intensos, visitando lugares hermosos, viendo a amigos. Es agradable salir de la rutina.

Ahora necesitamos asentar todo lo visto, darle un descanso al cuerpo y volver a la dulzura de lo cotidiano.

Poco más puedo contarte. Aunque sí, como siempre, cuánto te quiero y que no te olvidamos, hijo.

Hasta prontito. Muchos abrazos de oso: Papá y Mamá.

11 de febrero

Hola, hijo. Estamos a un mes de la fecha maldita. Parece que diecinueve años es distancia suficiente, pero empiezo a sentir de nuevo el runrún ansioso de los aniversarios.

Y la niebla de irrealidad me envuelve. Parece imposible que haga tantísimo tiempo que no estás.

Aquí seguimos resistiendo, hijo. Casi siempre ya serenos, aunque hoy te escribo con lágrimas en los ojos. Esperando volver a encontrarte, Rodrigo. En algún lugar hermoso.

Nunca dejaremos de pensar en ti, ni de quererte. Porfa, cariño, no dejes tú de cuidarnos.

Millones de abrazos de oso: Mamá.