11 de mayo de 2023

Dice la canción que veinte años no es nada, pero realmente es la mitad de la vida de tu hermano. Un tercio de la de tu padre y yo misma. Y el tiempo que llevamos sin ti, Rodrigo.

A veces me llegan hilachas de tu risa. O canciones en principio desconocidas que hablan como tú y me traen ecos tuyos remotos pero emocionantes.

El tiempo pasa muy deprisa. Voy camino ya de cuatro años de pensionista. Voy camino también de reencontrarte.

No dejes de cuidarnos, no nos olvides, hijo. Te queremos.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

Mayo

Estamos ya en el mes de los cumples: Dani, Lala, Alicia, yo misma y tú. Este 24 haces cuarenta en los cómputos de aquí.

Camino de los veinte sin ti, pasan los años con tu ausencia injusta y horrible. Te sigo echando de menos, sigo llorando terriblemente tu falta.

Hoy ayudaremos a tu hermano en las domesticidades típicas. Ojalá pudiéramos hacerlo también contigo. ¿Estás bien? No nos olvides, Rodrigo.

Abrazos desde casa. Seguimos camino en tu busca. Aqui no te olvidamos.

Millones de besos: Mamá.

Últimos días de abril

Buenos días en medio de una nueva ola de calor, más propia de julio que de abril, hola, hijo. Te saludo desde casa, como casi siempre, esperando que estés bien.

No renuncio a estas charlas, aunque a menudo no tenga nada especial que contarte. Siento que así hago contigo como con tu hermano cuando le deseo buenas noches. Él me contesta también sus buenos deseos y nos sirve a ambos como contacto y como forma de reporte tranquilizador.

La lástima es que en tu caso tú no me escribes de vuelta. Ay, ojalá pudieras ponerme un par de líneas. O darme un abrazo de los tuyos.

Es verdad que a veces, aunque no muy a menudo, sin embargo, pasan cosas especiales que quiero pensar que vienen de tu parte. Como la buena acción de un joven que «casualmente» vino a llamar a nuestra puerta, hace solo unos días, por ejemplo, y nos devolvió la fe en la bondad del género humano.

Así vamos, Rodrigo. Adelante siempre. Contigo en el corazón. Cuídate mucho y cuida estos pasos que nos llevan a ti.

Millones de abrazos de oso: Mamá.

22 de abril de 2023

Ando, de nuevo, sumergida en la irrealidad, Rodrigo. Me parece moverme en un sueño, a ratos pesadilla, en que sucesos, situaciones y gente se diluyen en la niebla.

Son fases, ya lo sé de crisis anteriores, pero no por eso dejan de extrañarme o de producirme su dolor romo.

Por lo demás, generalizando, estamos bien. Seguimos enteros. Seguimos.

¿Y tú, cariño?

Ojalá supiera, pudiera, verte y darte muchos abrazos. Cuídate. Te quiere hasta el infinito: Mamá.

15 de abril de 2022

Buenos días, Rodrigo. Escribo la fecha y yo misma me espanto de la rapidez con que pasan los días. Tempus fugit.

Sigo resfriada. Al parecer los virus y las enfermedades que nos provocan son así últimamente, de larga e incómoda duración, molestos pero de síntomas leves.

Aquí seguimos, hijo, en casita, con una vida discreta, poco lío social, siempre juntos Papá yo. En contacto con tu hermano siempre. Y ya.

Te echamos en falta.

Muchos besos: Mamá.

Nuestros onces

Un mes después respiro con alivio, por fin superado el décimonoveno aniversario. Desde nuestra casa y nuestro jardin, ese que tanto te gustaba contemplar, te anoto estas pocas líneas que nos van acercando al vigésimo. Ay, Rodrigo. Veinte contigo y otros tantos sin ti.

La rutina de días sencillos arropa nuestra pena y el hueco terrible que dejaste. Tu silla vacía, tu cama huérfana, tus libros solitarios duelen y a la vez demuestran que viviste con nosotros, que no fuiste un sueño hermoso y fugaz.

Ya solo podemos quererte y esperar el reencuentro. Y caminar en tu busca. Eso hacemos, hijo.

Miles de besos y de abrazos, y de risas, viajes, libros y canciones. Te queremos, hijo. Te queremos.

8 de abril

Hoy, aniversario de mi madre, es también un día especial, querido Rodrigo. Este sábado anoto líneas de recuerdo y emoción por vosotros dos.

La primavera sigue pintando colores y esperanza reverdecida. Así que atesoro sus señales de ciclo y de renacimiento.

Perdona si no escribo mucho más, ando resfriada y poco lúcida. Aunque ni siquiera eso me impide venir a contarte, hijo. Aquí sigo fiel a nuestra cita de los sábados.

Últimamente hay un petirrojo que visita nuestro jardín. Me encanta verlo. Siempre me hace pensar en ti.

No te olvidamos, Rodrigo.

Millones abrazos de oso. Millones de risas y juegos. Te queremos.

Por fin abril

Hoy, muy temprano, sonó el móvil de Papá. Apenas eran las siete y la llamada era de tu Ela.

Volvimos a asustarnos. Ya nada será nunca igual desde tu ausencia, tu muerte; el miedo se ha quedado con nosotros.

Solo era un error, que no se acostumbra al teléfono nuevo, que esas moderneces son muy complicadas para ella, que sentía habernos sobresaltado, que ella también se asustó porque creía que era Papá el que llamaba.

Una broma del universo, por ser primero de abril y día de los inocentes. Ojalá hubieras sido tú, Rodrigo.

Poco más te puedo contar.

Vuela, hijo. Vuela muy alto.

Te queremos.

25 de marzo

Por fin se acaba este mes terrible, ay, Rodrigo. Diecinueve años. ¿Te acordarás de nosotros despues de tanto tiempo?

Quiero suponer que sí, que, como nosotros, tú también nos piensas. Y que nos estás esperando. Pero a veces me puede el desaliento.

Aquí la sensación temporal ha vuelto a acelerarse. Sólo marcan hitos los asuntos especiales. Y no me quejo. La rutina de lo cotidiano nos consuela mucho.

Dondequiera que estés, hijo, sé feliz. Y vuela alto. Papá, tu hermano y yo intentamos seguir avanzando, siempre contigo en el corazón.

Millones de besos y de abrazos. Te quiere infinito: Mamá.

18 de marzo

Hola, cariño. Por fin floreció el pruno y dejamos atrás el aniversario,

La serenidad va regresando despacito, de modo que lo cotidiano arropa al miedo. Como otras veces.

Nos quedamos en casa en este fin de semana de tres días. Descansando. Pensándote y queriéndote. Todavía con síntomas de irrealidad.

Los temores latentes aún impiden el descanso necesario del sueño profundo. Parece increíble, dado el tiempo transcurrido, pero aquí siguen. Barrunto que no se irán nunca del todo.

Eso es todo lo que te puedo contar, Rodrigo. Y que te queremos. Vuela alto. Millones de besos: Mamá.