
Cuando apunto fechas, me asombra siempre cuánto tiempo ha pasado sin ti, hijo querido. Es que veintiún años, nueve meses y nueve días desde que se te llevaron es muchísimo, Rodrigo.
Se me hace extraño, casi ajeno. Todo se vuelve neblinoso, como sueño. Y hasta parece que la vida contigo no existió y tú no fuiste. Y esa inconsistencia también duele.
En este finde previo a la Navidad, te echamos en falta, cariño. Ya solo somos tres. Pero tú siempre eres el número cuatro. Contigo en el corazón seguimos. Aunque duela.
No dejes de cuidarnos, porfa, hijo, solos sin ti no somos nada. No dejes de venir a vernos.
Nosotros te enviamos toneladas de amor: de abrazos y besos, de risas, villancicos y libros.
Porque te queremos. Y nada ni nadie va a impedir que sigamos queriéndote con todas nuestras fuerzas.
Te queremos.
Te queremos.


















