Mediados de agosto

Apenas amanece este sábado, te escribo. Hoy desde la campiña asturiana.

Miro el paisaje, sereno y hermoso desde las ventanas, y te echo de menos, Rodrigo. En la naturaleza es más fácil sentirte conmigo.

Nada más. A lo lejos se oyen pájaros, una esquila titilante, los balidos de una oveja… Y la luz se extiende por todo el valle.

Buenos días, cariño. Miles de abrazos y besos. Te queremos.

11 de agosto

Hoy vuelve a ser 11 y te pienso,  y te escribo cuánto te echamos en falta. Aunque el paso del tiempo ha desteñido los recuerdos y la inconsistencia se sigue adueñando de nuestras vidas,  te queremos,  Rodrigo. Más allá del infinito donde puedas estar. A pesar de todo. Siempre.

Nueva y ardiente ola de calor

Buenos días, muy tempraneros, por cierto.

En medio de esta noche tropical de sorprendentes 25°C, te escribo.

El paso de los días se ha vuelto a acelerar, tal vez por la rutina de cosas simples y sin pretensiones. Espero que se ralentice un poco la próxima semana, cuando cambiemos de tercio.

Hay poca gente en nuestra pequeña calle, parece que todos se han ido. Papá y yo vivimos en nuestra pequeña burbuja. Tu hermano anda lejos,  de vacaciones, pero nos saluda cada día. Ojalá pudieras tú, hijo. Ojalá.

Espéranos, Rodrigo, que vamos a buscarte. Y en el mientras tanto, no dejes de cuidarnos en nuestro camino.

Millones de abrazos de oso. Te quiere con todas sus fuerzas la pesada de Mamá.

Despiste espacio-temporal

¿Hoy tampoco vas a escribirle a Rodrigo? me dice Papá. Y cuando le contesto que no caía en que ya es sábado, él me comenta que tampoco te escribí la semana pasada. Me percato, entonces, de que me salté esa cita. Y vengo rápidamente a contarte que ando desubicada. Un poquito solo.

Yo sé que tú ya lo sabes. Y lo demás no importa.

Pero es que quiero seguir diciéndote que te tenemos en cuenta, que decimos tu nombre, que no te olvidamos.

Eso es todo.

Mil abrazos, risas, libros, series, juegos y cariños. Te queremos.

Sábado 19 de julio

Ya estamos de nuevo en casa, con el calor aplastante del que intentamos huir y que hoy, prontito, nos ha dado un poco de tregua. Buenos días, Rodrigo.

Te escribo tecleando en la buhardilla, lujo que no suelo poder permitirme cuando las temperaturas la convierten en un lugar inhabitable. Hoy aprovecho el fresquito.

De momento toca quedarse aquí, ya sabes que huimos de las multitudes y los tiempos puramente vacacionales. Pero vamos a hacer pequeñas escapadas. ¿Y tú, cariño?

Tu nombre resonando a nuestro alrededor, en momentos inesperados, nos llena el alma de serenidad y de esperanza. Porfa, cielo, no dejes de cuidar de estos tres locos tuyos: tus padres y hermano. Porque nosotros no te olvidamos.

Besos. Abrazos. Risas y libros. Te queremos.

De vacaciones,  por fin

Solo van a ser unos pocos, poquísimos días,  pero se agradecen el frescor y el cambio de panorama.  Buenos días, hijo.

Te escribo,  como siempre,  de madrugada. Rodeada de un silencio que no rompen ni siquiera las gaviotas de otras ocasiones.

Coincidimos con tu hermano. Nos acompaña este finde. Es así de majo. Supongo que tú también andas por aquí,  para que seamos, para que sigamos siendo nuestra familia de cuatro.

Te tenemos presente. Te queremos.

11 de julio

Hoy es un nuevo día 11. Y nosotros seguimos siempre contigo en el recuerdo y en el corazón. Ya nos gustaría que fuese aquí, bien lo sabes,  hijo.

Así que,  porfa,  no dejes de cuidarnos.

Resistiremos. Por ti. Hasta que podamos darte el abrazo que se nos quedó pendiente.

5 de julio de 2025

Hola, Rodrigo, hijo querido. Desde el calor más bochornoso, te pienso y te escribo estas pocas frases.

Ojalá estuvieses aquí.

No para soportar esta ola de temperaturas, obviamente. Para compartir contigo las cosas sencillas de esta vida rara sin ti, que nos empeñamos en seguir transitando con serenidad y consciencia, pero que nos cuesta tanto.

Si estuvieses aquí…

Ojalá.

No desisto, porfa, mándanos fuerza y esperanza.

Finalizando junio

Ya casi es el cumple de Papá y aquí estamos, Rodrigo, constatando que el tiempo fluye con rapidez. Y que el clima es una locura.

Vamos resolviendo marrones, menos mal. Parece que todo se va encauzando y, además, enseguida podremos disfrutar de unas pocas jornadas de vacaciones. No serán muchos días, porque huimos de las fechas tópicas, pero es que esos días los sentimos totalmente necesarios.

Lo triste es que aquí cada vez somos menos gente, hijo. Y esa constatación da mucho miedo y mucho vértigo. Y duele. Lo triste es que estamos muy solos sin ti.

Pero tú sigue cuidándonos, ¿vale? No dejes de mirar por esta diminuta y menguante familia tuya, cariño.

Mientras tanto,  yo te envío lo poco que puedo: millones de abrazos de oso.

Ya sabes. Lo esperable de la pesada de Mamá.  Porfa, tenme paciencia.

Verano

Hola, hijo, buenos días de calores y nueva estación. Ya está aquí el verano.

Te escribo, como de costumbre, de madrugada (sigo despertándome prontísimo).

Se acaba el curso. Aunque no esté en activo, mantengo esa forma de medir el tiempo. Y este es el sexto sin alumnos. Y aún se me hace extraña la situación.

Del mismo modo que todavía resulta raro, difícil y triste que no estés tú.

Ojalá estuvieses aquí.

Pero ya que no es posible, ya que eres de otra dimensión, Rodrigo, porfa, mándanos ayuda.

A cambio, yo te envío mil abrazos, risas, libros, juegos y  series. Y millones de cariños.

No te olvidamos.

Te queremos.