Ay, ay, ay

Me parece que voy a ver a Rodrigo antes que tú.

Ayer tu tío J pidió el alta voluntaria y se fue a casa. No hará quimioterapia, esperará el final con paliativos y una convicción serena impactante.

Te soñé hace poco, ¿viniste por esto?

Mediados de agosto

Hola, hijo, buenos días calurosos y veraniegos. Espero que estés bien y te lleguen mis pobres líneas. ¿Puedes mandarnos tú algo tuyo de esa vida al otro lado del mar? A ratos me envuelve la desesperanza, Rodrigo, por favor, haznos un guiño tranquilizador.

Aquí seguimos moderadamente bien, porque ya sabes que el tío J está hospitalizado, casi tres semanas de estancia tiene el pobre. También te pedimos una mano amiga en esto cariño.

Papá lleva ya un mes trabajando, tu hermano vuelve a la dura tarea este mismo lunes y yo intento acercarme a una rutina que llene mis días de un nuevo sentido.

Pero como siempre, siempre, siempre, en todo este flujo vital te pienso, te añoro y te quiero.

Once de agosto

Quince años y cinco meses. Los días siguen pasando. Seguimos camino vital sin ti. Nos hemos perdido tu compañía todo este tiempo, es injusto.

Tengo añoranza de lo que pudo haber sido y no fue. Lamento la soledad de tu hermano, nunca podrás estar a su lado en un momento difícil como hace papá ahora con el tío, nunca tampoco en los felices, como fue el de su boda.

Otro once, Rodrigo. Pienso en ti con todo mi amor y deseo que haya alegría al otro del mar, en ese mundo donde nos esperas. Mándanos una buena cantidad de ella, por favor.

Otro fin de semana de vacaciones

Me despierto tan temprano como siempre. Ya se nota que las noches son más largas, todavía está oscuro. El viento del oeste refresca la casa mientras te pienso y te escribo, hijo.

Tu hermano y su mujer están de vacaciones, el tío J continúa hospitalizado pero ya a punto de alta, papá y yo seguimos el ritmo de las semanas anteriores, de trabajo y visitas. Ando un poco sola, dadas las circunstancias, pero es lo que hay.

Rodrigo, cariño, te sigo echando mucho de menos. A ratos flaquea la esperanza y me está costando habituarme a mi nueva situación. Pero siempre te quiero. Te quiero. Te quiero.

Agosto tórrido


Ayer estuvimos en un nuevo concierto de tu hermano, después de una semana dura en acontecimientos emocionales. Hoy me levanto tarde y todavía cansada. Pero siempre tengo un momento para charlar contigo.

Buenos días, hijo. Te mando saludos, abrazos y cariños desde nuestra casa. Añoro los tiempos que compartimos, espero otros mejores y de reencuentro. Y en el mientras tanto, vivo con tu recuerdo, con papá y tu hermano lo más serena y consciente que puedo.

Nunca te olvido. Espérame.

Cuarta semana de julio

Buenos días, Rodrigo. Son las seis, todavía no amaneció. Suenan lejanos ruidos de tráfico, como siempre que hace viento.

Sopla por primera vez en muchos días y gracias a eso hemos dormido sin necesidad de aire acondicionado. Han bajado las temperaturas (ahora mismo hay 17 grados) , y las previsiones anuncian que en el día de hoy difícilmente llegaremos a los 30. Bien. Tenemos por fin una pausa en la continua y sofocante ola de calor.

Sigue oscuro. Pienso en ti.

Cuento quince años, cuatro meses y veinte días de ausencia. Y llevas fuera todo ese tiempo inútilmente, porque yo todavía estoy procesando que no estás.

Nunca termino de entenderlo, hijo. Te echo en falta siempre. Me enfado, me entristezco, me agobio… Y no sirve para traerte de vuelta. Y se acentúan las sensaciones de irrealidad.

Así que te mando estas pobres líneas, cariño. No te preocupes, seguimos avanzando. En tu busca siempre. Con tu nombre en los labios. Tú vuela alto y señálanos el camino.

Montones de abrazos, de risas, de pelis, de viajes, de celebraciones, de juegos. Te envío todo lo que nos robaron y podíamos haber compartido estos largos años. Con todo nuestro amor:

Papá, Mamá y Gonzalo.

Sábado en casita

Un niño mira cómo llueve. Se parece mucho a ti.

Echo en falta las buenas temperaturas del norte, el chaparrón refrescante de la última tarde en la Semana Negra, tu risa, el barullo con que tu hermano y tú envolvíais nuestra casa, ahora tan silenciosa.

Tecleo muy temprano estas líneas de cariño y recuerdo, y ya hace calor. Poco podemos hacer algunos días excepto resistir. Cuesta hasta pensar con lucidez.

Te escribo y así te tengo cerca. Te cuento nuestro día a día, y de esa manera te incluyo en la ecuación.

No te olvidamos, Rodrigo. Entre todos estos trajines vamos a buscarte. Vivir sin ti es muy difícil, aunque nos alienta la esperanza chiquita pero constante del reencuentro. Te queremos.

Sábado en Gijón

Hola, cariño. Hoy hemos tenido sol, viento, tormenta y ponencias muy interesantes en la Semana Negra. Casi se me fue de la cabeza que es sábado y me toca ponerte unas letras.

Yo sé que a ti no te importa, que estamos en contacto siempre y muy en especial estas últimas horas. Después de algunas noches de angustias y temores, ha vuelto la calma. No consigo coger el sueño, pero no estoy agobiada. Tecleo un rato, mientras me alcanza.

Llevamos varios días aquí, ya te lo he escrito antes. Y hemos presentado tu libro. Y conocido a mucha gente estupenda. Mañana toca recoger y pasado volvemos a casita, pero nos iremos con las pilas recargadas de energía y de nueva esperanza.

Por eso estoy contenta. Y renovada. Y parece que han pasado un montón de semanas desde que acabó el curso, aunque han sido solo trece días.

No te olvidamos, Rodrigo. Te envío todo nuestro amor. Hasta prontito.

11 de julio de 2019

¿Dónde estás, hijo?

De pronto el día se llenó de ruido y en ese caos te pierdo la pista.

Apenas sé la fecha en que vivo, solo disfruto de lo inesperado, de lo que va surgiendo en las vacaciones. Pero un mensaje comercial me ha prevenido, de pronto: hoy, día 11, a las 11:11 tenía disponible un descuento y varias ofertas en ropa y moda.

Lo he aprovechado para escribirte a ti. No me dirás que se me ha escapado el guiño, Rodrigo. Como el de hace poco: If you are looking for a sign, this is it, que me instaba a comprar unos cosméticos.

Me encanta comprobar que mantienes tu sentido del humor.

Te quiero. No te olvido, cariño. Gracias por hacerme llegar que tú tampoco te olvidas de mí.

Junto al mar

Aunque seguimos de vacaciones no perdemos el contacto con tu hermano. Tampoco quiero dejar de comunicarme contigo. A él le mandamos whatsappitos, a ti te escribo entradas en esta bitácora.

Y así pasan estos días especiales, junto a la playa, que paseamos por las mañanas, y en las citas literarias de la Semana Negra por las tardes.

La temperatura es excelente, entre 21 y 24 grados, y el sol, cuando sale, no achicharra. Veo las de nuestra ciudad, rondando los 40, y sé que voy a echarla de menos en cuanto regresemos a casa.

Pienso en ti con nostalgia, Rodrigo. Ojalá estuvieras en este universo nuestro y no en ese al que se te llevaron a la fuerza y apenas te intuyo. Te echamos de menos, hijo, nunca dejamos de quererte. Espéranos.