Sábado en casita

Un niño mira cómo llueve. Se parece mucho a ti.

Echo en falta las buenas temperaturas del norte, el chaparrón refrescante de la última tarde en la Semana Negra, tu risa, el barullo con que tu hermano y tú envolvíais nuestra casa, ahora tan silenciosa.

Tecleo muy temprano estas líneas de cariño y recuerdo, y ya hace calor. Poco podemos hacer algunos días excepto resistir. Cuesta hasta pensar con lucidez.

Te escribo y así te tengo cerca. Te cuento nuestro día a día, y de esa manera te incluyo en la ecuación.

No te olvidamos, Rodrigo. Entre todos estos trajines vamos a buscarte. Vivir sin ti es muy difícil, aunque nos alienta la esperanza chiquita pero constante del reencuentro. Te queremos.

Sábado en Gijón

Hola, cariño. Hoy hemos tenido sol, viento, tormenta y ponencias muy interesantes en la Semana Negra. Casi se me fue de la cabeza que es sábado y me toca ponerte unas letras.

Yo sé que a ti no te importa, que estamos en contacto siempre y muy en especial estas últimas horas. Después de algunas noches de angustias y temores, ha vuelto la calma. No consigo coger el sueño, pero no estoy agobiada. Tecleo un rato, mientras me alcanza.

Llevamos varios días aquí, ya te lo he escrito antes. Y hemos presentado tu libro. Y conocido a mucha gente estupenda. Mañana toca recoger y pasado volvemos a casita, pero nos iremos con las pilas recargadas de energía y de nueva esperanza.

Por eso estoy contenta. Y renovada. Y parece que han pasado un montón de semanas desde que acabó el curso, aunque han sido solo trece días.

No te olvidamos, Rodrigo. Te envío todo nuestro amor. Hasta prontito.

11 de julio de 2019

¿Dónde estás, hijo?

De pronto el día se llenó de ruido y en ese caos te pierdo la pista.

Apenas sé la fecha en que vivo, solo disfruto de lo inesperado, de lo que va surgiendo en las vacaciones. Pero un mensaje comercial me ha prevenido, de pronto: hoy, día 11, a las 11:11 tenía disponible un descuento y varias ofertas en ropa y moda.

Lo he aprovechado para escribirte a ti. No me dirás que se me ha escapado el guiño, Rodrigo. Como el de hace poco: If you are looking for a sign, this is it, que me instaba a comprar unos cosméticos.

Me encanta comprobar que mantienes tu sentido del humor.

Te quiero. No te olvido, cariño. Gracias por hacerme llegar que tú tampoco te olvidas de mí.

Junto al mar

Aunque seguimos de vacaciones no perdemos el contacto con tu hermano. Tampoco quiero dejar de comunicarme contigo. A él le mandamos whatsappitos, a ti te escribo entradas en esta bitácora.

Y así pasan estos días especiales, junto a la playa, que paseamos por las mañanas, y en las citas literarias de la Semana Negra por las tardes.

La temperatura es excelente, entre 21 y 24 grados, y el sol, cuando sale, no achicharra. Veo las de nuestra ciudad, rondando los 40, y sé que voy a echarla de menos en cuanto regresemos a casa.

Pienso en ti con nostalgia, Rodrigo. Ojalá estuvieras en este universo nuestro y no en ese al que se te llevaron a la fuerza y apenas te intuyo. Te echamos de menos, hijo, nunca dejamos de quererte. Espéranos.

En Gijón

Junto al mar, asustada por la presentación, en una cama distinta, nunca tan cómoda como la de casita, pero bastante aceptable, pienso en ti.

Está nublado, hace una temperatura deliciosa, que invita a salir y pasear. Hola, cariño.

Todavía tengo restos del espanto en el ánimo, vuelve una racha de estrés postraumático. Intento dejarla fluir y concederle la mínima atención, pero me afecta. Sigo pensando en ti.

Y decido de pronto no pelear contra esta emoción. Voy a utilizarla esta tarde para hablar de ti.

Te quiero mucho, Rodrigo. No dejes de venir conmigo, con nosotros.

Finde leonés

Andas siempre con nosotros: vemos tu nombre en un escaparate y nos emocionamos, te citamos al irnos a dormir, te echamos en falta en cada momento especial. Así es nuestra cotidianidad, Rodrigo. Sin ti, pero también contigo.

Nunca deja de doler tu ausencia. Confiamos en volverte a encontrar. Y esta vida loca sigue avanzando.

Mañana hablaré de ti y de tu libro en la Semana Negra. No dejes de acompañar mis palabras.

Te queremos.

Tiempo de descanso

Cuatro de julio, saluda a Carol de nuestra parte, Rodrigo. Os echamos de menos a los dos.

Aquí te cuento nuestras andanzas. Viajamos papá y yo para romper la rutina del día a día, pero reconozco que a veces añoramos la tranquilidad de lo conocido. Hace calor y cuesta andar por ahí a pleno sol como turistas locos.

Sin embargo resistimos hijo. Porque ceder a la vagancia es envejecer de pronto. Noto en mí una tendencia fuerte a huir de lo que me saque de mi zona de confort. Espero que sea debido a todo el estrés y cansancio acumulados de este año extenuante y no porque me esté haciendo ya una jubilada comodona.

Tecleo en el móvil y pienso en ti y en tu hermano, y en lo canalla que es esta vida. Luego busco todo lo bueno que tengo aun a pesar de tu ausencia y procuro no dejarme llevar por la tristeza.

Pero te mando todos los cariños y abrazos que te mereces. Nunca son suficientes para expresarte cuánto te quiero.

Comenzamos


Hola, Rodrigo, buenos días desde casa este primer día de julio, de mi nueva vida y cumpleaños de papá.

El instituto se ha quedado atrás, así lo he decidido. Voy a aprovechar esta manía humana de contar el tiempo, el comienzo del mes y de las vacaciones para despegarme de lo que hasta ahora era mi mundo cotidiano.

Tu hermano vive su propia vida, cerca, pero ya ajena a la nuestra. Y aunque compartimos momentos, andamos de la mano tu padre y yo, menos solos de lo que tememos, más acompañados de lo que creíamos.

Son las seis. Ayer dormí media tarde, a cabezadas, en el sofá, y toda la noche, hasta hace poco, en esta cama que echaré de menos en cuanto salgamos fuera. Tenía cansancios enormes acumulados. Pero creo que ya puedo iniciar la nueva andadura.

La pena negra todavía me ronda. Tu ausencia vuelve a doler, por eso te escribo, hijo. Porfa, acompáñanos un poco más cerca

Y nunca olvides que te queremos.

Conjurando la pena

Hemos pasado el día con tu hermano y su mujer para nuestra doble celebración del cumpleaños de papi y de mi cambio de fase laboral. Qué suerte y alegría tenerlos cerca y que sean tan encantadores.

Comimos en nuestro italiano favorito, fuimos luego al cine a ver la nueva versión de Aladdin, y terminamos en casa visionando vídeos viejos de nuestros viajes en los que hacíais  chistes y gamberradas y érais los dos unos adolescentes de 15-16. Me gustó verte en movimiento y volver a oír tu voz.

La revuelta emocional se ha calmado y estoy procurando poner mi mente en modo vacaciones. Pienso en ti y te sigo echando de menos. Ojalá estuvieras aquí. Te quiero.

Se acabó

Claustro y Consejo Escolar desde las diez hasta las tres, llegó el fin de mi vida docente y tengo que confesarte, Rodrigo, que me he ido con lágrimas en los ojos.

En este momento de tanta importancia vuelvo a echarte muchísimo de menos. Quiero imaginar qué me dirías, pero solo me invade la nostalgia y el dolor de tu ausencia.

Luego intento consolarme a mí misma razonando que si me duele así es también porque he tenido la suerte de estar muy a gusto en este centro.

Ojalá pudiera darte un abrazo enorme, cariño. Te quiero.