En Gijón

Junto al mar, asustada por la presentación, en una cama distinta, nunca tan cómoda como la de casita, pero bastante aceptable, pienso en ti.

Está nublado, hace una temperatura deliciosa, que invita a salir y pasear. Hola, cariño.

Todavía tengo restos del espanto en el ánimo, vuelve una racha de estrés postraumático. Intento dejarla fluir y concederle la mínima atención, pero me afecta. Sigo pensando en ti.

Y decido de pronto no pelear contra esta emoción. Voy a utilizarla esta tarde para hablar de ti.

Te quiero mucho, Rodrigo. No dejes de venir conmigo, con nosotros.

Finde leonés

Andas siempre con nosotros: vemos tu nombre en un escaparate y nos emocionamos, te citamos al irnos a dormir, te echamos en falta en cada momento especial. Así es nuestra cotidianidad, Rodrigo. Sin ti, pero también contigo.

Nunca deja de doler tu ausencia. Confiamos en volverte a encontrar. Y esta vida loca sigue avanzando.

Mañana hablaré de ti y de tu libro en la Semana Negra. No dejes de acompañar mis palabras.

Te queremos.

Tiempo de descanso

Cuatro de julio, saluda a Carol de nuestra parte, Rodrigo. Os echamos de menos a los dos.

Aquí te cuento nuestras andanzas. Viajamos papá y yo para romper la rutina del día a día, pero reconozco que a veces añoramos la tranquilidad de lo conocido. Hace calor y cuesta andar por ahí a pleno sol como turistas locos.

Sin embargo resistimos hijo. Porque ceder a la vagancia es envejecer de pronto. Noto en mí una tendencia fuerte a huir de lo que me saque de mi zona de confort. Espero que sea debido a todo el estrés y cansancio acumulados de este año extenuante y no porque me esté haciendo ya una jubilada comodona.

Tecleo en el móvil y pienso en ti y en tu hermano, y en lo canalla que es esta vida. Luego busco todo lo bueno que tengo aun a pesar de tu ausencia y procuro no dejarme llevar por la tristeza.

Pero te mando todos los cariños y abrazos que te mereces. Nunca son suficientes para expresarte cuánto te quiero.

Comenzamos


Hola, Rodrigo, buenos días desde casa este primer día de julio, de mi nueva vida y cumpleaños de papá.

El instituto se ha quedado atrás, así lo he decidido. Voy a aprovechar esta manía humana de contar el tiempo, el comienzo del mes y de las vacaciones para despegarme de lo que hasta ahora era mi mundo cotidiano.

Tu hermano vive su propia vida, cerca, pero ya ajena a la nuestra. Y aunque compartimos momentos, andamos de la mano tu padre y yo, menos solos de lo que tememos, más acompañados de lo que creíamos.

Son las seis. Ayer dormí media tarde, a cabezadas, en el sofá, y toda la noche, hasta hace poco, en esta cama que echaré de menos en cuanto salgamos fuera. Tenía cansancios enormes acumulados. Pero creo que ya puedo iniciar la nueva andadura.

La pena negra todavía me ronda. Tu ausencia vuelve a doler, por eso te escribo, hijo. Porfa, acompáñanos un poco más cerca

Y nunca olvides que te queremos.

Conjurando la pena

Hemos pasado el día con tu hermano y su mujer para nuestra doble celebración del cumpleaños de papi y de mi cambio de fase laboral. Qué suerte y alegría tenerlos cerca y que sean tan encantadores.

Comimos en nuestro italiano favorito, fuimos luego al cine a ver la nueva versión de Aladdin, y terminamos en casa visionando vídeos viejos de nuestros viajes en los que hacíais  chistes y gamberradas y érais los dos unos adolescentes de 15-16. Me gustó verte en movimiento y volver a oír tu voz.

La revuelta emocional se ha calmado y estoy procurando poner mi mente en modo vacaciones. Pienso en ti y te sigo echando de menos. Ojalá estuvieras aquí. Te quiero.

Se acabó

Claustro y Consejo Escolar desde las diez hasta las tres, llegó el fin de mi vida docente y tengo que confesarte, Rodrigo, que me he ido con lágrimas en los ojos.

En este momento de tanta importancia vuelvo a echarte muchísimo de menos. Quiero imaginar qué me dirías, pero solo me invade la nostalgia y el dolor de tu ausencia.

Luego intento consolarme a mí misma razonando que si me duele así es también porque he tenido la suerte de estar muy a gusto en este centro.

Ojalá pudiera darte un abrazo enorme, cariño. Te quiero.

Pienso en ti

Hola, cariño, aquí estoy, viviendo mis dos últimos días de trabajo, a punto de mi fiestecilla de jubilación, con más vértigo que nunca. Pero contenta.

Que no estés es lo único que me impide ser totalmente feliz. Sin embargo no me rindo, Rodrigo. Te escribo y te cito en el mundo intermedio de los sueños.

No dejes de venir, hijo.

Mi último fin de semana docente

Esto se acaba, Rodrigo.

Siento que me acerco a otro momento inexorable. Y que indefectiblemente todo llega.

He elegido empezar antes esta nueva etapa para disfrutar de ella, pero es inevitable pensar en su significado abstracto. Y preocuparse es un signo de responsabilidad y de consciencia.

Nueva vida, nueva perspectiva vital, novedosas variables a partir de unos pocos días.

Contigo siempre, hijo. Con tu nombre en los labios. Nunca te olvido. Te quiero.

A dos semanas de acabar el curso

Hoy te escribo un poco más tarde, justo después de redactar mi último examen. Todo lleva el adjetivo «último» estos días, estos meses. Ay, Rodrigo.

Me rondan la melancolía y la tristeza, pero no las dejo entrar. Noto más fuerte tu ausencia y la de tu hermano. Si estuvieras, ¿qué dirías, qué estarías haciendo? Odio los subjuntivos y condicionales que siempre tengo que usar contigo, hijo. Las formas verbales de los hechos hipotéticos de las cosas que no sucedieron. Porque se te llevaron demasiado injusta, abrupta y malvadamente. Y a eso una no se acostumbra nunca.

Aunque parezca fuerte, y pueda hablar de ello, y haya escrito tu libro y lo comente en algunas presentaciones, duele mucho tu silla vacía, cariño.

11 de junio

Llega otro de nuestros onces y añoro tu risa sonando por la casa. Unas golondrinas nos visitan, curiosas y alegres como tú.  Vierto lágrimas de desconsuelo, pero siempre, siempre, hijo, añado a  tu ausencia unas gotas de esperanza.

Así vivimos sin ti, Rodrigo. No te olvidamos. Vamos a buscarte.